Reciclar, concienciar y disminuir nuestra huella ecológica empieza a beneficiar -y mucho- al bolsillo. Algunas iniciativas que todavía no han calado aquí, pero que imaginamos llegarán pronto, empiezan a tener éxito entre la gente que ve beneficios añadidos a cuidar el planeta. Pero… ¿es realmente así?
Por ejemplo, un Hotel de Dinamarca te paga una cena por la energía que has generado pedaleando en las bicicletas estáticas de su gimnasio. Tú te cuidas, ellos obtienen electricidad gracias a tu pedaleo y a cambio, te invitan a cenar en su restaurante. ¡Creo que es la medida más redonda que he visto hasta hoy en eficiencia energética!
Otros tienen un mensaje claro: valoran lo que haces y lo que les entregas pero, al final, lo que parecen querer es… ¡que sigas consumiendo! Mmm… ¿no habíamos quedado en que sobreconsumir lleva a sobreproducir y por tanto a esquilmar las reservas energéticas?
Por ejemplo, te dan puntos al reciclar envases: los vas acumulando en una tarjeta para luego canjearlos por nuevos productos en los establecimientos que se hayan sumado a la iniciativa.
Algunos te pagan en cash, con dinero contante y sonante, lo que ya no quieras del mundo de la electrónica de consumo que tan pronto se pasa de moda: portátiles, teléfonos móviles, reproductores mp3, cámaras de foto digitales… y así puedes estrenar de nuevo con la conciencia algo más tranquila.
Y los hay que recuperan viejas costumbres, de cuando se devolvían a la tienda los envases de cristal a cambio de unos céntimos o de descontarlo de la nueva compra, pero ahora, lo hacen con las botellas de plástico.
… y así otras muchas opciones, que van de los regalos a los premios, para que reciclar acabe siendo irresistible… Casi, casi tan irresistible como consumir.


